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“Punto de Vista”, heredera de “Los Libros”

16 de abril de 2015

Luis Gregorio
Mayo 2014
A mediados del siglo pasado, en el campo de las revistas culturales argentinas existieron varias tentativas para brindar medios gráficos que centraban su temática en brindar un servicio exclusiva o dominantemente bibliográfico.
El lanzamiento de la publicación “Los Libros”, en 1969 (durante la dictadura denominada Revolución Argentina), bajo la dirección de Héctor Schmucler, supuso en el terreno de las revistas culturales un “remozamiento” ya que “apareció esencialmente como una moderna revista bibliográfica dedicada a informar sobre las novedades editoriales del mes, con un amplio arco de género y especialidades.

“Inspiradas formalmente en el modelo francés de ´La Quinzaine´, las cuarenta y cuatro entregas de la revista, aparecidas entre julio de 1969 y febrero de 1976, cumplieron diversos papeles simultáneos y sucesivos”. Con la dictadura dejó de publicarse, “casi como una obvia referencia” (Revista Ñ 23.62012)
“Los Libros” en su propuesta inicial fue efectivamente una publicación de resuelto aire bibliográfico, “pensada para un circuito en el que pesaban definidamente, por razones profesionales, ciertas demandas de carácter técnico, como el conocimiento de las alternativas materiales y cualitativas del campo editorial. Primariamente se puede suponer que los destinatarios inmediatos de la revista fueron personas vinculadas a la producción y circulación del libro: editores, encargados de colecciones, distribuidores, libreros, críticos, bibliotecarios, etcétera”. (Rivera: Un fichero para la historia del periodismo cultural, en El periodismo cultural; Rivera, Jorge B. Paidós)
“La revista tuvo un editor responsable vinculado a la actividad, Guillermo Schalvenzon, y contó en su primera etapa con el auspicio de un pool editorial integrado por el Fondo de Cultura Económica, Losada, Monte Ávila , Siglo XXI, Editorial Universitaria de Chile y Editora Central de Venezuela. Entre los números 1 y 7 llevó como subtítulo el lema “Un mes de publicaciones en Argentina y el Mundo”, que fue reemplazado a partir del número 8 por otro más acorde con la identidad continental de los patrocinantes: Un mes de publicaciones en América latina”.
Según Rivera, Los Libros operó al mismo tiempo –y más allá de su encuadre técnico- como un “campo de actualización de las líneas teóricas y críticas de la literatura y las ciencias sociales, y en ese sentido introyectó modos de abordaje y tratamiento –desde el estructuralismo, la semiótica, el psicoanálisis lacaniano, la reformulación de la teoría marxista , la lingüística, etcétera- que hasta entonces no habían contado entre nosotros con un espacio orgánico y sistemático como el que proponía y cumplía rigurosamente la revista dirigida por Schmucler”.
Agrega Rivera que “este rango amplió y diversificó considerablemente el horizonte del proyecto, y consiguientemente la naturaleza de sus consumidores, entre los que comenzaron a predominar otro tipo de componentes del campo intelectual, que encontraban allí estímulos ausentes en otros medios de la época”.
La planta de colaboradores , entre los que figuraban con cierta regularidad los nombres de Oscar del Barco, Virginia Erhart, María Teresa Gramuglio, Oscar Traversa, Eliseo Verón, Nicolás Rosa, Ricardo Piglia, Enrique Pezzoni, José Aricó, Aníbal Ford, Jaime Rest, Juan Gelman, Eduardo Romano, Germán García, Josefina Ludmer, Jorge B. Rivera, Ana M. Nethol, Oscar Terán, Alberto Perrone, Oscar Steimberg, Oscar Masotta, etcétera, expresaba, como puede comprobarse , una multiplicidad de orígenes y pertenecías teóricas, ideológicas, estéticas y disciplinarias, amalgamadas en Los Libros por el casi exclusivo requisito de la competencia temática.
“La revista, desde luego no escapó a los debates y posicionamientos intelectuales de la época”, indica Rivera. Y hacia fines de 1971 la revista adopta un nuevo lema: Para una crítica política de la cultura. Expresaba así “una toma de posición que introducía, en relación con el proyecto técnico inicial, mayores clarificaciones político-culturales, aunque sin fragmentar la variedad de matices y pertenencias que la habían distinguido”
“Schmucler dejó la dirección en setiembre de 1972 y se hizo cargo de ella un Consejo integrado por Carlos Altamirano, Germán García, Beatriz Sarlo y Ricardo Piglia. Desde ese punto de hasta su desaparición en 1976, la revista no dejó de reflejar y padecer las vicisitudes y los temas centrales de esos años.
En marzo de 1978 la mayoría de los integrantes del Consejo de Dirección de Los Libros “reaparece con una fundación que marcará con su aporte los siguientes años del periodismo cultural argentino. Con la dirección ´en ausencia´ de Jorge Sevilla se publica, en efecto, el primer número de Punto de Vista, para muchos una prolongación del proyecto final de Los Libros que sufrirá , a su vez, ajustes, variaciones y replanteos, sin perder el nutriente protagonismo cultural que le aportaron desde el comienzo Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, María Teresa Gramuglio, Ricardo Piglia, Hugo Vezzetti y otros colaboradores”.
Para Carlos Ulanovsky, “con audacia, Punto de Vista fue durante estos tiempos (de principios de la última dictadura) un lugar de debate posible en torno de temas como el lugar del socialismo, y para la introducción de tópicos como literatura, posmodernidad, marxismo y psicoanálisis. Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, José Aricó, Adrián Gorelik, María Teresa Gramuglio, Juan Carlos Portantiero, Hilda Sábato y Hugo Vezetti integraban, entre otros, el staff de esta revista “de ensayos, crítica y cultura” y que aparecía tres veces al año”.

Marcos Meyer sostiene que Los Libros tiene una continuidad casi inmediata con Punta de Vista, “donde al menos en los primeros números se reproduce el anterior consejo de redacción que integraban” Sarlo, Altamirano y Piglia.
Pero agrega Meyer que con la dictadura “no hay actualidad con la cual es posible hacer política, al menos de manera explícita. Y el territorio elegido es el pasado y allí, de acuerdo a los intereses de sus integrantes, la literatura. Sarlo seguiría este rumbo primero en lo que se llamó cultura de las catacumbas, grupos de estudio en lo que se leía teoría literaria, pro también a Sarmiento, luego a la cátedra universitaria”.
Y agrega Meyer: “Sin pretender de ningún modo incurrir en un biografismo desmedido, puede decirse que su trayectoria está prefigurada en Los Libros, como si la crítica política de la cultura llevara, como en aquella publicación, de los libros a la política. Como si se tratara de un destino implacable que se ve en los materiales de sus últimos libros en los que se trabaja con las coyunturas más inmediatas, reservándose la reflexión sobre objetos culturales para apariciones esporádicas en algunos medios”.
(LG)
Bibliografía:
– Rivera, Jorge B. El periodismo cultural. Paidós, Buenos Aires, 1995.
– Ulanovsky, Carlos: Paren las rotativas. Historia de los grandes diarios, revistas y periodistas argentinos, Espasa, 1997
– Meyer, M.: Instantáneas de los 70. Reedición facsmilar de Los libros, Revista Ñ, 23.6.2012, Buenos Aires, pg 9

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